lunes, 5 de diciembre de 2011

Las peras del olmo

Alain Giresse formó, junto a Platini, Tigana y Genghini, la más espectacular línea media del Mundial del 82 y de toda la historia del fútbol francés. En la pantalla del televisor, Giresse era tan chiquito que siempre parecía que estaba lejos.
El húngaro Puskas era retacón y gordo, como el alemán Seeler. Eran jugadores de físico frágil el holandés Cruyff y el italiano Gianni Rivera. Pelé tenía pie plano, como Néstor Rossi, el sólido centrocampista argentino. El brasileño Rivelino registraba el peor rendimiento en el test de Cooper, pero en la cancha no había quien le diera captura, y su compatriota Sócrates tenía cuerpo de garza, altas piernas flaquísimas y pies pequeños que se cansaban fácil, pero era un maestro del taquito, y se daba el lujo de convertir penales con el talón.
Se equivocan feo quienes creen que las medidas físicas y los índices de velocidad y de fuerza determinan la eficacia de un jugador de fútbol, como se equivocan feo quienes creen que los test de inteligencia tienen algo que ver con el talento o que existe alguna relación entre el tamaño del pene y el placer sexual. Los buenos jugadores de fútbol pueden no ser titanes tallados por Miguel Ángel, ni mucho menos. En el fútbol, la habilidad es más determinante que las condiciones atléticas, y en muchos casos la habilidad consiste en el arte de convertir las limitaciones en virtudes.
El colombiano Carlos Valderrama tiene los pies torcidos, y la chuequera le sirve para esconder mejor la pelota. Lo mismo ocurría con los pies chuecos de Garrincha. ¿Dónde está la pelota? ¿En la oreja? ¿Dentro del zapato? ¿Dónde se ha ido? El uruguayo Cococho Álvarez, que caminaba cojeando, tenía un pie apuntando al otro, y fue uno de los pocos defensas que pudo controlar a Pelé sin golpearlo.
Fueron dos petizos más bien gorditos, Romario y Maradona, las estrellas del Mundial 94.Y tienen esa misma estatura dos atacantes uruguayos que triunfaron en Italia en estos últimos años, Ruben Sosa y Carlos Aguilera. Gracias a su minúsculo tamaño, el brasileño Leônidas, el inglés Kevin Keegan, el irlandés George Best y el danés Allan Simonsen, llamado la Pulga, conseguían escurrirse a través de las defensas impenetrables y se zafaban fácilmente de los zagueros grandotes, que les daban con todo pero no conseguían pararlos. También había sido chiquito pero blindado Félix Loustau, el puntero izquierdo de la Máquina de River Plate, y lo llamaban el Ventilador porque era el que daba aire al resto del cuadro, haciéndose perseguir por los rivales. Los hombres de Liliput pueden cambiar de ritmo, y acelerar bruscamente, sin que se les derrumbe el alto edificio del cuerpo.

E. Galeano
El fútbol a sol y sombra

sábado, 26 de noviembre de 2011

Alvy Singer en La Trastienda

Después de recorrer el circuito under, la Alvy Singer Big Band llega esta noche a La Trastienda. Hot-jazz, foxtrot, bolero, mambo y cumbia con la sonrisa cruzada del humor agridulce

Para los desprevenidos: Alvy Singer es la máscara que utiliza Jano Seitún desde que decidió volcar su caudal como músico de academia en las canciones. Así, desde su primer disco (Volumen Uno, 2006) se puso al frente de una Big Band capaz de tocar hot-jazz, foxtrot, bolero, mambo y cumbia con una actitud desfachatada y la sonrisa cruzada del humor agridulce. Lentamente se convirtió en uno de los músicos más activos de la escena cancionística del Río de la Plata: como compositor al frente de su Big Band, pero también como parte de Nacho y los Caracoles, Los Campos Magnéticos y Onda Vaga.
El año pasado, después de varias formaciones fluctuantes, logró afianzar un ensamble donde el banjo desplazó a la guitarra eléctrica y la batería camina sobre escobillas. Fogueó en vivo buena parte del repertorio y entró a los estudios ION para grabar a la vieja usanza, con la Big Band a punto caramelo. Comprometida con las canciones al punto de que todos cantan con un goce contagioso, subidos al colocón que proponen estos boleros desmañados. El resultado fue El tiempo del amor, uno de los registros del año: “es un disco con el que inauguramos una nueva etapa –explica Jano-. Hubo cambios de roles en la dinámica interna de la banda. Yo dejé de cranear tanto y orquestar en soledad y me entregué al juego espontáneo de hacer los arreglos entre todos. Así que es un disco muy grupal, más allá de que las canciones sean de mi autoría. Estamos muy orgullosos de ese disco. Los grabamos en un par de días, y ahí está. Es un mueble al que intencionalmente le falta el pulido. Dejamos que se vean las vetas y las texturas de los materiales usados”.
Ahora, después de recorrer el circuito underground de punta a punta, la Alvy Singer Big Band llega a La Trastienda. La cita es esta noche a las 23:30, con la excusa de presentar El tiempo del amor y las canciones antologizadas en Pequeños Éxitos. “Es un pico emocional para nosotros –dice Jano-. La culminación de un año muy agitado, muy divertido, en el que crecimos mucho: como amigos, como músicos, como grupo. Lanzamos nuestro cuarto y mejor disco, más un compilado de pequeños éxitos, nos fuimos de gira por las provincias y básicamente la pasamos bien. Va a estar Nacho Rodríguez (Onda Vaga) como invitado y el plan es repasar pasado, presente y futuro de la Alvy Singer Big Band, porque además vamos a estrenar cosillas. Este show va a ser el clímax”.

fuente: OIR MORTALES (http://oirmortales.infonews.com/2011/11/25/musica-1422-alvy-singer-en-la-trastienda.php)

Estuve presente... impresionante,... mucha fuerza la musica de esta banda...

domingo, 20 de noviembre de 2011

El Parto por Eduardo Galeano

Al amanecer, doña Tota llegó a un hospital del barrio de Lanús. Ella traía un niño en la barriga. En el umbral, encontró una estrella, en forma de prendedor, tirada en el piso.
La estrella brillaba de un lado, y del otro no. Esto ocurre con las estrellas, cada vez que caen en la tierra, y en la tierra se revuelcan: de un lado son de plata, y fulguran conjurando las noches del mundo; y del otro lado son de lata nomás.
Esa estrella de plata y de lata, apretada en un puño, acompañó a doña Tota en el parto.
El recién nacido fue llamado Diego Armando Maradona.

Bocas del tiempo.



viernes, 11 de noviembre de 2011

Esa Pelota

Esa pelota escapando por el alambrado sublevó algo en lo más hondo de mi pecho. La exaltación también escapaba incontenible por una ventana de mis impulsos. Le pedí al chofer del auto que se detuviera. Abrí la puerta y salí corriendo dejándola entreabierta, sin pensar en mis pertenencias, sin dar explicaciones, con la urgencia de las fieras, como si se hubiera abierto una jaula, como si fuera a encontrarme con esa novia a quien quise besar en tantas noches eternas. Soñaba con ella y soñaba con goles; la llamaba a ella y llamaba a los goles; la imaginaba a ella e imaginaba cómo la curva perfecta de la pelota engañaba al arquero y se encontraba con la red como en un abrazo apretado de esos que no se quieren soltar. En esa maraña de entonces y ahora, me encontré corriendo entre los adoquines oscuros de la marginada calle Azopardo, en los suburbios de una canchita bajo la autopista, pero en un epicentro de mi historia. De resfilón ví a los muchachos agarrándose del alambrado como presos a los que se les acaba de ir la libertad aún más lejos. La libertad picaba redonda para mi lado de la vida. En la corrida que me llevaba, ya escuchaba mi corazón, ya aflojaba mi corbata, ya olvidaba la oficina, ya sentía la combustión del sudor. Corría hacia la pelota, corría hacia atrás en el tiempo. Volvía. Despertaba esa fibra genuina que sabe antes de que uno sepa, cuál es el camino que nos pertenece. “Si dudás, no es el camino”, me decía mi abuelo al explicar cómo habla cuando habla la intuición. Por qué lo había olvidado durante tanto tiempo. En el reproche entreví que algo en mí dejaba de estar entumecido y no eran sólo mis piernas selváticas alargándose sobre ese ajedrez rústico del casco viejo. Dos hilos de lágrimas fugitivas se deslizaban en mi cara con el viento, y nada me paraba. Pensaba en ella, como si pudiera contarle mi hazaña, como si pudiera volver a sus brazos como en aquéllas noches, como si algo grande se estuviera jugando en esas zancadas. Empecé a reir a carcajadas, sentí crujir el pantalón del ambo y lo rasgué en el estirón final… y la toqué y me entendió y acompañó y se volvió y la llevé y me guió y rebotó y la piqué y la seguí y volví a pegarle con un zapatazo lustrado que salió de la memoria intacta de tantos potreros. De la cintura la hubiera llevado a ella también. Miré al cielo, con la vista seguí el viaje perfecto de esa bola que me dejaba y sin perderle mirada, escuché el festejo por su vuelta a la cancha, mientras volvía a perderla yo. Caí sentado, ya pobre sin ella, sin nada, sobre el abismal cordón de la vereda. Llorando y con la cabeza entre las piernas, temblando, entendí quién era. Era yo. Había vuelto a mí. Cualquier cosa que pasara de ahí en más, sabría, de nuevo, sin dudas, cómo avisa el corazón, de qué se trata el amor verdadero.


Por cristinaperez
Publicado octubre 11, 2011